Hoy me desperté ilusionada porque vi que la luz que traspasaba la ventana era más intensa que la de ayer, supuse que era un día bien primaveral. Soleado, con los pajaritos cantando... y me sentí mejor.
La primavera hace que a uno, sin siquiera quererlo, le cambien las energías, esa idea utópica de que es tiempo del amor, de andar de la mano caminando con alguien más. Sabiendo que eso se puede hacer en cualquier estación del año.
Suposiciones tontas que a veces llamamos
ilusión.
Hace ya un par de meses vengo insistiendo en que:
vivimos de ilusiones. Son esas pequeñas esperanzas que nos mantienen vivos para decir que mañana puede ser mejor que ayer, incluso mejor que el hoy mismo.
Hay tantas cosas que nos imponemos... ideales que se contagian como peste, pero ¿hasta qué punto pueden ser una peste asesina? ¿Una pandemia? La única asesina serial es la muerte misma y le tememos como si nos corriera todo el tiempo con una cuchilla oxidada, corremos de ella como creyendo poder ganarle. Utopías de nuevo. Ella llega de una sola vez, de un golpe y sin dudarlo... ¿de qué dudamos nosotros?
Hasta dónde llegan los límites de nuestros miedos, hasta dónde nos limitan a nosotros. Dicho de otra manera: ¿hasta dónde nos limitamos nosotros mismos?
Este año me propuse ser ilimitada, si bien mis raíces tiran fuerte cuando siento que tropiezo, son estas alas nuevas... remodeladas, las que me impulsan a seguir. Increíble es la fuerza que tiene uno mismo para derrotarse u obtener la gloria,
areté como deseara un griego.
Este año, que se pasó más que rápido me lo adueñé. Si bien me distancié de muchas cosas, gané tantas otras que no duele... Gané tanta fuerza interior que vencí de una vez por todas ese miedo que tanto me limitaba, ese miedo idiota a estar sola. Lo senté frente a mi, lo cuestioné... Me pregunté ¿para qué temer a eso? Acaso hay que temerle al silencio, al sonido de nuestros pensamientos, a estar con nosotros mismos... Si somos nuestra mejor compañía.
Despejado esto, me armé con mi propia libertad un convenio, le dije que juntas iríamos lejos. Porque ese era mi plan desde siempre, solo faltaban ganas de realizarlo. Y bien sabido tengo que hay que dejar de pensar tanto para hacer que nuestros sueños dejen de ser ideas y pasen a ser realidad. Pensar menos, accionar más. Siempre con la cautela de cerca.
Y así llegué a todo esto, que me costó mucho, me dolió bastante... pero las heridas sanan, aunque puede que haya alguna cicatriz escondida entre tanta piel, de todos modos, no me impide seguir.
Mi amor por mi misma me ha salvado, ni hablar de lo bien que me ha hecho el amor que me brindan los demás. Es allí en donde recurro a mi cita de autoridad por excelencia:
"Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad" (Jorge Luis Borges).
Es así como agradezco al universo mismo por hacernos humanos con imanes, por haber atraído a cada alma que llegó hasta mi... Todo eso que he recolectado y que se me han llevado: me hace la persona que soy.