domingo, 13 de septiembre de 2015

Vacunas


A veces lo que buscamos no está ahí afuera, está adentro y no sabemos verlo. Tal como si no pudiésemos observarnos a nosotros mismos ante el espejo, o quizá como si hubiese algún tipo de negación que nos tapa los ojos. Nos ciega.
Tanto buscamos, anhelamos hallar… y está allí, donde no supimos descubrirlo.
Creo que así funcionan los miedos también, están ahí. Aquí y ahora. Absolutos, constantes, fuertes pero tal vez, solo tal vez, un poco escondidos. Habrá quienes puedan verlos y hacernos caer en cuenta de ello o sucederá que los vemos en los demás porque… tenemos el modo de identificarlos. Explíquenme entonces, ¿cómo se identifica algo si no es ya coniciéndolo? (qué maleante esta empiria).
Yo conozco muchos miedos porque los he transitado y bueno, no se han marchado. Les cambié el nombre por “lecciones” pero al fin y al cabo, en su esencia siguen siendo los mismos. Súper fieles.
Ojalá nosotros fuésemos así para con nosotros mismos, tenernos esa fidelidad y compromiso de pase lo que pase, se gasten las pilas de relojes que fuera… ser nosotros. Muchas veces nos vemos obligados a amoldarnos, esa cosa darwiniana de subsistir para ser mejores, empero… si ser mejores nos roba la esencia, ¿no es que dejamos de ser nosotros y pasamos a ser otro? Ese otro que hasta hace no tanto nos era ajeno, como si una vacuna viniese a pincharnos con un virus y nuestros anticuerpos actuasen y ya no nos fuese tan distinto. Ahora es parte de uno, ¡está en mí y de a poco vienen más y más vacunas llenándome más y más! ¿Hasta qué punto dejan de rellenarme y sigo ahí? ¿o soy solo un envase?.
Tengo la manía de reciclarme cada tanto, “borrón y cuenta nueva” le llaman algunos. Prefiero llamar a este proceso: crecer. Me tomo mi tiempo, me examino, evalúo y aquello que no es útil… se va. Cuesta dejar cosas atrás, nos han sido útiles en algún entonces pero no todo es perdurable por siempre. Las cosas se gastan.
Así no llego a perderme, cuando una de estas vacunas ya ha vencido, antes de caer en cama hago limpieza. Cambio prioridades pero por sobre todas las cosas, me tomo la modestia de que aquello que me es esencial no se vaya.
Mi mescolanza de cosas logra que varíe en colores… y si hay algo que intento no cambiar siempre es que esa transparencia que a mi frasco caracteriza siga existiendo. Aquella es mi esencia, la transparencia por sobre todas las cosas. Ahí me soy fiel, con mis miedos cambiados de nombre pero con mis seguridades que los nombran.
Allá donde me importaba más el qué dirán… ahora prevalece el “lo digo porque pienso”. Y ese temor deja de ser inseguridad para volverse fortaleza.

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