domingo, 15 de septiembre de 2013

Clara

Se levantó una mañana e intentó ver, a pesar de saber que era difícil, directo al Sol.
Alzó la mirada en el cielo, cumplió su cometido pero tuvo que refregarse con sus tibias manos esos ojos que se habían achinado. En el mismo instante sonrió y dijo "Gracias".
Se tiró hacia atrás, cayó sobre las rosadas colchas de su cama, en ese cómodo colchón que cada noche parecía hundirse mientras ella dormía.
Aun veía esa luz brillante en cada parpadeo, jugó a divisarlo en toda la habitación hasta que desapareció.
Bajó las escaleras con su pijama puesto y los pies desnudos, adoraba sentir el frío en cada paso, que se le hiciera la piel de gallina seguido de un cosquilleo que le corría la espalda. Sentir era su vicio.
Su perro se le acercó, moviendo fuertemente la cola. Lo ponía contento ver a su dueña, siempre recibía mimos a esta hora... Clara lo acarició un poco detrás de las orejas y salió corriendo. Dante, tomó posición y la siguió.
Cuando la mascota llegó afuera, entre todo el verde del pasto no halló a Clara. Miró por todos lados, correteó entre los árboles y sin embargo no la encontraba... Hasta que un ruido le llamó la atención. Sobre la copa del árbol estaba su dueña, respirando ese aire puro y bañándose con la luz del Sol. Quiso alcanzarla pero le fue imposible, no sabía trepar.
A veces Clara pensaba que Dante se sentía humano, quería imitarla en cosas que jamás podría hacer. De todos modos, eso no le molestaba, lo volvía particular. Suyo. Incluso a veces la inspiraba ver como un animal luchaba por ser algo más, todo un ejemplo. Nunca se daba por vencido, no al menos de manera sencilla.

Pasó la tarde y amaneció la noche, en toda la casa resonaba una canción alegre. Por la ventana se veía una silueta bailar apasionadamente... Estaba sola pero se veía feliz.

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