para sentir el poco perfume que le queda,
ese perfume que amor mío...
es un placer divino sentir cuando
se produce el roce de nuestra piel.
Instantes que se quedan escondidos
entre la noche, el silencio, mis besos y los tuyos.
Una caricia marcada en mi espalda,
un susurro en tu oído izquierdo:
"No te vayas".
Respirar profundo, bien hondo en el aire...
cerrar los ojos y verte volver.
Recrear el momento exacto en que
mirándonos seriamente por primera vez,
me invadieron las preguntas.
Y fluyendo como el río que corre hacia el mar,
no me pregunté más lo que esperaba.
Tan solo así como si nada:
me dejé ser.
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