Todo se ve húmedo allá afuera, charcos sobre las calles y veredas, el sol que no se asoma y tú que actuas igual.
Yo aquí dentro, esquivando el frío miro por mi ventana que siempre vio tu silueta llegar antes que mis propios ojos. Pero ni aún esperando detrás de ella te hallo, ni siquiera a un par de calles.
Te has marchado caminando como tantas otras veces, excepto que en un futuro no volverás. Hay un nuevo aire, las cosas cambiaron aunque no las quiera aceptar.
El amor de mi vida no huyó, simplemente decidió irse de mi vida misma para ya no ser mi amor. Mucha distancia, desconocimiento, demasiada juventud que no se puede dar el lujo de errar una vez más. El dolor de tu partida y la esperanza de algo venidero mejor, no igual... solo mejor.
Pasadas las horas me doy por vencida, cierro la cortina y regreso a mi vida habitual; almuerzo, leo algún que otro capítulo de mi libro preferido e insisto que mañana será otro día. Quizá esperando detrás del vidrio colmado de gotas aparezca el nuevo amor de mi vida.
No creo que todo esté escrito, no es como lo que acá aparece que primero se plasma en una hoja y después recae donde se lo ve. Más bien tengo la creencia de que somos imanes caminando por la vida, que si estamos bien atraemos cosas lindas y sino será al revés. Soy lo que doy, recibo lo que doy. Me cruzo con más gente que hace lo mismo.
martes, 4 de febrero de 2014
Esperanza en vidriera
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)