martes, 28 de octubre de 2014

La despedida

Lo recuerdo como si hubiese sido ayer. En tan solo un parpadeo me voy a aquel día donde me sentí la persona más mentirosa del mundo. Pero... por qué condenarme si hoy eso pasa a ser una verdad.

Me quedo sentada en el sillón en donde me gusta reflexionar, apoyo la espalda contra la pared, me relajo e inhalo bien hondo. Como si fuese a dormir.
La oscuridad se convierte en todo y la nariz se enrojece, mi boca forma un puchero como el que hacía de pequeña y mis ojos se empañan. Así se siente recordar. Así te siento cuando se me aparece una foto de esa noche.

Y nos veo, como si fuese un fantasma que espía... Yo mirándote fijo a los ojos, con la tensión en los hombros, esperando una reacción para accionar, como un felino a punto de cazar a su víctima. Soy una estatua pero que está con la sangre hirviendo, con el miedo en el aire que respira y el dolor en cada latido. Pienso en que quisiera que esto sea una simple pesadilla, que no está sucediendo. Que sea mentira.

¡Oigo tu voz tan lejos y te tengo tan cerca! ¿Eres tú?, ¿Acaso esto es tu verdadero ser?. Quisiera que sí.
Quiero avanzar e irme y no me lo permites. Se me escapan las oportunidades y con ello las ganas de seguir intentando. Escuché que el amor real duele pero nadie me aclaró que sería así. La realidad supera cualquier ficción que hayamos visto acurrucados en una película. Tantas veces que lagrimeamos juntos, que vimos tantas historias de amor que no pudieron ser ¿nosotros estamos destinados a lo mismo? Claro que sí.

Escucho tu monólogo, reproches, reproches y más reproches. Como si nada de lo que haya hecho antes demostrara que aposté a todo y más (Y pensar que casi construyo sueños a medias).
Supongo que esperas lo mismo, que quieres desatar la bestia que llevo conmigo.

- Si no me amas, si todo esto es un circo tuyo. Cualquier persona está antes que yo en tu vida, ¿eso es amar para vos? Se oyó en toda la casa.

- No estás en mi cabeza, no sabes nada al menos que yo lo diga. Refuté con el tono más seguro que pude disimular.

- ¿Me amas o no? Deja de no responderme. Dijo abalanzándose sobre mi, como si pudiera lograr que retrocediera más.

Me apoyé contra la heladera, vi el grito en sus ojos. Realmente se lo estaba cuestionando, realmente había dolor. Ese mismo que intenté sanar de mil maneras pero nunca se iba. Lo estaba volviendo mío, me estaba contaminando, no podía curarlo. No así.

- No.

Y jamás me oí tan segura, nunca se oyó tan fría mi voz. No temblé, no dudé. No nada.

Sus ojos se empaparon, vi como se partió en mil pedazos su alma. Hasta yo me lo creí.
Quedé en la nada, perpleja. Estaba de pie porque tenía donde apoyarme.
Empezó a lagrimear y mirarme con odio, con rencor y muchísimo dolor. Lo miré con seguridad y pena. Intenté que no me importara aunque era obvio que no era así.

- Sos lo más despreciable que existe. No quiero verte nunca más -dijo entre sollozos.
- Abrí la puerta y no me ves nunca más. De qué sirve esta mentira. -Miré el piso. Vi que una lágrima se me caía justo sobre el pie. Lo miré fijo de nuevo como si nada.

Al instante me abrazó como nunca, tan fuerte como pudo. Como si fuésemos a quedarnos pegados. Me quitó el aire, me asusté y no lo envolví con mis brazos.
Me soltó sorprendido, no se lo esperaba.

- Abrime la puerta, me quiero ir.

Y los gritos comenzaron de nuevo. Creo que jamás me trataron de tan fría y maléfica. Creo que jamás mentí tan bien.
El miedo logra cosas increíbles.

Desde ese día no nos vimos más. Recuerdo que volví a mi casa descalza, con el rostro sin emoción que mostrar. Estaba perdida pero sabiendo a donde ir.
Me senté en el cordón, pensativa... y lo vi acercarse pidiendo perdón.
Lo perdoné, le di un último beso, un último abrazo y le dije adiós.
Sé que en ese momento nuestras almas se soltaron la mano. Confío en que fue lo mejor, habré perdido un pedacito de mi y él un pedacito suyo. Imagino que nos intercambiamos esos trozos magistrales.
De todas formas con el tiempo lo dejé ir.

martes, 21 de octubre de 2014

¿?

La música vuelve a irrumpir en mis días, dicen que calma a las bestias y sin embargo por momentos siento que hace todo lo contrario. Irrumpe con sus armonías y con palabras que alguien entona sobre ellas, alineadas de tal forma que quedan perfectas. Y esa maldita palabra me lleva a mirar hacia atrás, yo deseo mirarme los pies avanzando pero me nace mirar por el retrovisor nada más.

Me pregunto por qué te invoco si después me arrepiento. O será que quiero arrepentirme. No sé, vuelvo a desconocerme pero quienes me conocen saben a qué se debe todo este circo de palabras.
Te llamé con el pensamiento, no aposté a encontrarte y así sin más me encontraste a mi. ¿Raro?

Nos llamamos y no pudimos evitarlo, esas cosas que nos planteamos más de una vez que trataban de la fuerza del Universo sobre los corazones, las parejas, los encuentros y las uniones nos invadió sin que nos diéramos cuenta. Lo leí en tu mirada, lo leíste en la mía. Dos segundos más y todo se iba por la borda.

¿Habremos crecido?¿Habremos entendido?¿Estaremos esperando o nos dimos por vencidos?
Vaya, qué misterios. Cuántas dudas y cuántas respuestas. Cuánto tiempo y cuántas cosas.
Todo pesa, todo pasa... dijimos hace rato.

Nos leímos, nos entendimos y fuimos prudentes.
Nos quitamos las ganas con la mirada, con oírnos la voz. Con un beso de amigos (que nunca fuimos).
Nos disfrazamos de adultos que cumplen su palabra de honor.
Tú por ahí, yo por allá. Separaditos y completos. No nos necesitamos. En absoluto.

A veces grito con el pensamiento que todo eso es mentira. si por cada día que fuimos uno me terminé quedando con un pedacito menos de mi. En otras ocasiones rayo los cuadernos inventando historias que se parecen a nuestras anécdotas. Mil veces al mes respiro para concentrarme en lo bien que me va pero comprendo cuánta es tu influencia.
Me escucho, no me entiendo. Me leo pero no analizo. Me miro y ¿soy yo?

Si no te llevaste un trozo de mi alma, por qué demonios siento que sí.

Llevo dudas constantes que se hacen reales cuando te me cruzas en frente y pasa todo esto.
Me siento culpable por romper un corazón sin darme cuenta de que consecuentemente me sucedería lo mismo. Sin embargo no es mi dolor el que me pesa, es el tuyo. 
Y esta es mi condena. Entender qué es enamorarse y cargar con no poder hacerlo. 
No con quien creo que quiero hacerlo.

Lo siento si esto carece de sentido, para mi lo tiene y mucho. Todo esto de creerme escritora comenzó el día en que alguien declaró que leerme le causaba paz, que lo conquistaba y me envidiaba por no poder lograr eso en mi con sus intentos. Lo que nunca supo es que sí lo lograba, todos los días.

sábado, 18 de octubre de 2014

Como el músico






Escuchando canciones de alguien que parece recién arrancar y que desea trascender me acordé de vos. No pude evitarlo y no es un accidente.
Como el músico, mis pensamientos anhelan. ¿No será que muy en el fondo son lo mismo?, querer.

Suenan las negras, blancas, corcheas y aparece ese sombrerito que es silencio. Yo estoy en silencio pero trayéndote a mi memoria e intento ocultarla pero una sonrisa muda se asoma. ¿Cómo es esto? Si lo que has logrado es una cicatriz que parece no sanar, que la lluvia sumada a las canciones de amor hacen sangrar. No siento dolor, ¿estoy enloqueciendo?

La música cumple su fin, me deja un mensaje, me lleva a viajar. Cierro los ojos, inhalo para volver a mi. Revuelvo el café que ya está frío, al igual que el día. Tomo un sorbo y consecuentemente recuerdo que lo odias, que yo también lo odio.
Me resigno a volar con los auriculares puestos, la lista de reproducción que jamás oirás y sonrío. 
Voy a buscarte así como el artista salió a buscar su sueño.


lunes, 13 de octubre de 2014

Las raíces de Clara*

Clara tenía 5 años cuando sus padres decidieron divorciarse. El hecho de tener una hija juntos no les bastó para sostener la relación. Demasiadas discusiones se efectuaban en frente de ella y entendieron que no era sano. Después de varias charlas y cafés sin la pequeña rondando, optaron por separarse.

La madre de Clara fue quien se mudó. Una casa tan grande no le era cómoda, no quería sentirse perdida entre tanto espacio. Y era cierto, esa casa era demasiado grande para una madre y una niña. Se iba a sentir desprotegida entre tantas paredes.
Además, Estefanía  no era una persona que se sintiera a gusto con tantos lujos. Ella era más sencilla que su ex esposo. Como pareja eran opuestos y se notaba desde lejos.
Estefanía tenía 30 años en aquel entonces, un título al que le daba uso con mucho placer. Empleo en eventos de todo tipo y muchas ganas de recorrer el mundo. Un deseo que venía posponiendo como consecuencia de su embarazo.

Es una artista que sabe captar los momentos con tan solo un click . Un flash, el plano indicado y genera un segundo eterno. Una imagen que puedes mirar cuando sientas que la memoria te traiciona.
Ella conoce aquellos placeres simples, como una sonrisa, un instante, un olor, una mirada; esas cosas que no se pueden comprar ya que son únicas.

Se divorció de alguien a quien creyó amar por mucho tiempo, salió con Marcos desde sus 18 años. Fue amor a primera vista, un flechazo como de película. Pero el tiempo actuó como el viento, con esmero, perseverancia... desgastó aquello que parecía ser tan fuerte como una roca.

Marcos se veía triste ese día, él sabía que Estefanía era el amor de su vida, que se marchaba de su vida misma para dejar de ser su amor y esa libertad lo volvía loco. Loco de amor.
Aquella mujer era todo lo contrario a él, tenía una sonrisa  que no temía mostrar, tenía ganas de recorrer el mundo sin aferrarse a nada, solo a su sueño de captar la esencia de muchos lugares. Ella era directa, simple, amante de la naturaleza y de los gestos humanos. Vivía a pleno, adoraba pasear en bicicleta para que sus cabellos bailaran en el aire.
Él, en cambio, vivía con su traje, su maletín repleto de papeles. Su sonrisa que mostraba por compromiso en muchas reuniones, su léxico que aparentaba ser un libro viejo lleno de estructuras. Como la gramática misma.
Era abogado porque su familia se lo impuso, no lo hacía feliz pero se iba de vacaciones a lugares maravillosos en donde se alejaba de todo, a donde siempre iba acompañado de las dos mujeres que más amaba. Pero ya no habría próxima vez.
Ahora se iría de nuevo para seguir intentando ser feliz dos semanas al año.

viernes, 10 de octubre de 2014

Felicidad, constante o qué

En varias ocasiones la felicidad me ha sido efímera mientras que para otros era eterna.
¿Al final, cómo es?¿Es breve, extensa, un instante o duradera?
Supongo que puede ser las dos cosas.

He sabido hacer que un mínimo minuto del día me arrebatara sonrisas durante semanas, la magia de la buena memoria y del buen vivir.
Tal como si pudiese congelar ese instante para siempre en el recuerdo y así mantenerlo vivo por mucho tiempo, cuando yo quisiera.
Las fotos ayudan, las anécdotas también. Hay palabras claves, miradas cómplices y latidos que se intensifican.

En otros hechos la felicidad me ha sido tan simple como un parpadeo, no pude recuperar lo vivido en ese instante único. Pues, único fue.
No es que los otros se repitan, pero no pude revivirlos. Se me escaparon de las manos como el agua. Podemos volver a rejuntar pero no será el agua de antes, puesto que la atrapada anteriormente ha corrido.

De todos modos, a pesar de su singularidad, hay otras cosas que son parte de la felicidad y se repiten a diario. Mi favorita: el vivir.

martes, 7 de octubre de 2014

De tu boca a la mía

De tu boca a la mía hay un abismo unido por un puente.
De tu boca quiero que surja el impulso de cruzar aquel camino.
Mi pensamiento grita el ruego ¡Anda, vamos!
Y todo queda allí, en pesar. Suponer. Idealizar.
Hasta que me descifres.
Yo leo esa mirada, siento tu respiración.
Veo la ansiedad que se disfraza en temores.
De tu boca a la mía hay un abismo unido por un puente.
El deseo.
Deseo latente en cada pestañeo,
que ojalá se desenvolvieran en mi cara.

De tu boca a la mía había un abismo unido por el deseo.
Fue el impulso quien insistió y ganó la batalla a los miedos.
Es el valiente que hoy nos tiene aquí,
Tú sonriendo y yo sonriente.

jueves, 2 de octubre de 2014

Elegir qué ver

Entre ayer y hoy logré deducir algo importante. Muy importante.
TODO DEPENDE DE CÓMO LO VEAMOS.
Si hay algo que caracterice a mi viejo yo del de hoy es que, justamente, vemos distinto.
Antes la vida era la culpable, había muchas cosas negativas alrededor. Si bien había una solución, era dificultoso alcanzarla. Como si jugara al tesoro escondido.
Años atrás había fechas colmadas de tristeza y lugares clausurados. O me clausuraba a mi misma, no me hacía entender.
Llegué a ser indescifrable, nada era lo que parecía. Sonreía todos los días para todos pero tres días al año era al revés. ¿Dónde me perdía?
Más llegando estos a estos años, en mi adolescencia, capté la idea de amar más allá del tiempo. Un aire espiritual colmado de música y fotos (muchas fotos) que están en mi nido. Ese álbum verde, con árboles en su tapa, es lo más valioso que tengo materialmente hablando.
La curiosidad me gobernó y el dejar ser me quitó la soga que llevaba atada. Aprendí a respirar, a estar tranquila a pesar de la melancolía que tocaba la puerta esos tres días al año. Insistente.
En el presente cambié muchas cosas. Apliqué lo aprehendido:
Se puede querer a pesar de la distancia temporal y espacial.
Se puede sobrevivir a los dolores del corazón y extrañar cosas inventadas (no sé cómo se siente decir "papá" pero extraño eso a pesar de que me sea extraño justamente).
Se pueden sobrellevar muchos días, hay fechas que se destacan en el calendario y más allá de lo grises que pueden ser, creo que es más importante darles valor antes que peso. Soltar y tener un buen recuerdo, una memoria, es mejor.
Crecer no implica no depender de otros adultos. Hoy como adulta recién integrada a esa parte de la sociedad, capto que mi mamá siempre va a serlo y que los adultos más grandes tienen mucho que enseñar. Y que aprender.
.
A lo que iba: puedo elegir entre estar de duelo toda mi vida por tres días al año (problema) o puedo rememorar lo que esos días significan, es decir, tener presente que son fechas únicas en las que recuerdo que una bella persona que casi conocí, estuvo por acá. Y me dejó muchas cosas como prueba.
Y así con todo.
El que quiera llámame optimista idiota y el que no, que me llame optimista.
Para el que crea lo primero: prefiero esto antes que arrugarme cual pasa de uva por lagrimear; prefiero arrugarme por sonreír a la estrella más grande que haya el día del padre, el 23 de julio y el 16 de noviembre.