martes, 18 de noviembre de 2014

Cosas que cuestan *Las raíces de Clara 2*

- Mamá, ¿a dónde vas? Dijo la niña con una mirada inocente y preocupada.
- A hacer unas fotos, mi vida. Mami tiene que trabajar y traer cosas lindas para que veas. Te van a encantar, hoy mis modelos van a ser caballos.
- ¿Puedo ir?
- Perdoname, hoy no va a poder ser. Te prometo que mañana sí. Dijo para calmar a la pequeña.
-Está bien. –Dijo resignada Clara. Ella veía en los equinos algo particular, al principio la atemorizaban pero con el tiempo comprendió que ellos podían entenderlo todo con un vistazo. Ahí estaba la magia de muchas cosas.



Acto seguido, Estefanía tomó su bolso y salió por la puerta del frente. Se dio vuelta, miró a su hija con esa mirada que solo un padre puede dibujar en su rostro. Esa que está llena de dolor pero que se disfraza de emoción con una sonrisa en la boca. Quiso decirle que la amaba pero eso causaría su llanto y consecuentemente, el llanto de su hija.
No sabía decirle que sus padres no estarían más juntos. Que no los vería desayunar en la gran mesa, uno al lado del otro. Una silla estaría vacía. Una voz menos rebotaría por las paredes. Una sombra menos se dibujaría por los pasillos.
Giró sobre sus pies, dirigió su vista a la vereda y dudo en avanzar. Suspiró hondo, al inhalar se le cruzaron muchos recuerdos y al exhalar se abalanzó al porche. Cuando se le escapó todo el aire sintió que tenía un peso menos, o eso creía a pesar de que no era cierto.
Encaminó hacia el auto, dejó las cosas en el asiento trasero y finalmente se sentó adelante. Puso las manos en el volante temiendo a lo que vendría. ¿Podría su hija entenderla?, ¿podría ella perdonarse? Dudaba de cuánto bien le hacía a su hija dejándola con su padre, ella era su mejor amiga y la conocía a la perfección. Tal vez Marcos no podría cuidarla como ella pero tenía que aprender y ella entender que al final y al cabo era su padre. Lo importante es que nunca le faltase nada, mucho menos amor.
Puso en marcha el auto, miró por el vidrio. Bajó la ventanilla y sonrió, simular le estaba saliendo bien. Subió la ventanilla, miró hacia delante y se marchó.
En el espejo retrovisor vio a la niña que miraba atenta, tal vez sí se había dado cuenta de que en el aire las cosas estaban tensas. Los niños son más sensibles, que no supiese decirlo no implicaba que no entendiera.


Los días pasaron. Estefanía no volvía. Marcos la llamaba para que Clara hablara con ella, realmente la estaba extrañando.
-          Llora todas las noches, hago lo que puedo pero quiere verte. Si no querés verme me voy, te dejo la llave y después, cuando lo desees, te vas. Me parte el alma verla así, ella siempre está sonriente y ahora solo está en el patio cortando pasto, mirando el piso. Parece pensativa pero no me cuenta nada. Volvé. –Era un pedido de auxilio, Marcos no podía con su trabajo y el cuidado de su hija, hacía las horas que menos podía pero no le era posible dejar de trabajar.
-          De acuerdo. Se oyó del otro lado del teléfono.
Me tomo dos días y voy para allá, yo también estoy muy deprimida. Sé que esto es para un bien, me fío de ello. Sin embargo no es nada fácil. Yo voy pero no quiero que malpienses, voy por ella, porque me necesita. Nada más.

Y ahí se sintió el silencio. Cómo después de años compartidos todo se marchitaba. Él sintió que había un poco de esperanza, no quería perderla así como si nada. La amaba, le había dado al ser más hermoso y puro del mundo. Esa niña los mantenía unidos, Clara era la luz de su amor.
-          Está bien. Avisame y listo. Puedo quedarme en el hotel de un amigo, el dinero no es problema… bah!, qué te digo. Ya sabés eso. Y se rió con un poco de ironía.
-          Te mando un mensaje, de todos modos no te hagas problema por la llave. Todavía conservo una copia. Sé que debo dártela, cuando me vaya te la dejo o se la dejo a tus padres. No me parece correcto conservarla.
-          Sí, me parece bien. Respondió con tristeza. Igualmente, no me molesta. Si sucede algo sé que puedo confiar en vos. No tengo dudas de ello Tefi.
-          Marcos, con cariño te pido que por favor no me llames así. Es difícil pero no estamos más juntos. Y perdóname pero tengo que irme a trabajar, no me queda mucha luz natural.
-          Perdón, mala mía. Hablamos después. Se alejó el teléfono de la cara y se quedó mirándolo, ella ya había cortado.
Instantáneamente recordó que cuando eran más jóvenes insistían en quién debía cortar la llamada, sus “para siempre” ahora no se oían más. Mucho menos el “siempre juntos”. Eso le dolía, no tanto como ver a su hija triste pero sí lo suficiente como para desear volver el tiempo atrás y buscar la falla para resolverla. Entendía que parte del problema era su trabajo, que irse de vacaciones a lugares exóticos solo lograba que la madre de su hija deseara cada vez más poder viajar para capturar esos bellos lugares con su cámara de manera profesional. No se arrepentía de ser padre, mucho menos de compartir eso con ella, sin embargo a veces se le cruzaba por la mente que por un descuido le arrebató un gran sueño a quien tanto amaba. Hizo todo lo posible, nunca les faltó nada ni les faltaría. De todos modos, no bastó. No podía adueñarse más del cariño de ella por más que quisiera, Estefanía era una persona lo suficientemente libre (y consciente de ello) como para optar qué hacer, cómo y cuándo.

Chau. Le dijo al teléfono con un tono apagado y miró a sus pies, Clara estaba ahí, mirándolo como comprendiéndolo. Preguntándole al verlo fijo a los ojos si estaba bien. A lo que él respondió con una sonrisa, puso su mano en la cabeza de la niña y le alborotó el pelo. Ella sonrió, se oyó la risa típica de un infante y él se sintió feliz. Verla bien le hacía un bien mayor. En ese momento juró que la haría sonreír seguido, la pequeña era ahora quien alimentaba su felicidad.

martes, 28 de octubre de 2014

La despedida

Lo recuerdo como si hubiese sido ayer. En tan solo un parpadeo me voy a aquel día donde me sentí la persona más mentirosa del mundo. Pero... por qué condenarme si hoy eso pasa a ser una verdad.

Me quedo sentada en el sillón en donde me gusta reflexionar, apoyo la espalda contra la pared, me relajo e inhalo bien hondo. Como si fuese a dormir.
La oscuridad se convierte en todo y la nariz se enrojece, mi boca forma un puchero como el que hacía de pequeña y mis ojos se empañan. Así se siente recordar. Así te siento cuando se me aparece una foto de esa noche.

Y nos veo, como si fuese un fantasma que espía... Yo mirándote fijo a los ojos, con la tensión en los hombros, esperando una reacción para accionar, como un felino a punto de cazar a su víctima. Soy una estatua pero que está con la sangre hirviendo, con el miedo en el aire que respira y el dolor en cada latido. Pienso en que quisiera que esto sea una simple pesadilla, que no está sucediendo. Que sea mentira.

¡Oigo tu voz tan lejos y te tengo tan cerca! ¿Eres tú?, ¿Acaso esto es tu verdadero ser?. Quisiera que sí.
Quiero avanzar e irme y no me lo permites. Se me escapan las oportunidades y con ello las ganas de seguir intentando. Escuché que el amor real duele pero nadie me aclaró que sería así. La realidad supera cualquier ficción que hayamos visto acurrucados en una película. Tantas veces que lagrimeamos juntos, que vimos tantas historias de amor que no pudieron ser ¿nosotros estamos destinados a lo mismo? Claro que sí.

Escucho tu monólogo, reproches, reproches y más reproches. Como si nada de lo que haya hecho antes demostrara que aposté a todo y más (Y pensar que casi construyo sueños a medias).
Supongo que esperas lo mismo, que quieres desatar la bestia que llevo conmigo.

- Si no me amas, si todo esto es un circo tuyo. Cualquier persona está antes que yo en tu vida, ¿eso es amar para vos? Se oyó en toda la casa.

- No estás en mi cabeza, no sabes nada al menos que yo lo diga. Refuté con el tono más seguro que pude disimular.

- ¿Me amas o no? Deja de no responderme. Dijo abalanzándose sobre mi, como si pudiera lograr que retrocediera más.

Me apoyé contra la heladera, vi el grito en sus ojos. Realmente se lo estaba cuestionando, realmente había dolor. Ese mismo que intenté sanar de mil maneras pero nunca se iba. Lo estaba volviendo mío, me estaba contaminando, no podía curarlo. No así.

- No.

Y jamás me oí tan segura, nunca se oyó tan fría mi voz. No temblé, no dudé. No nada.

Sus ojos se empaparon, vi como se partió en mil pedazos su alma. Hasta yo me lo creí.
Quedé en la nada, perpleja. Estaba de pie porque tenía donde apoyarme.
Empezó a lagrimear y mirarme con odio, con rencor y muchísimo dolor. Lo miré con seguridad y pena. Intenté que no me importara aunque era obvio que no era así.

- Sos lo más despreciable que existe. No quiero verte nunca más -dijo entre sollozos.
- Abrí la puerta y no me ves nunca más. De qué sirve esta mentira. -Miré el piso. Vi que una lágrima se me caía justo sobre el pie. Lo miré fijo de nuevo como si nada.

Al instante me abrazó como nunca, tan fuerte como pudo. Como si fuésemos a quedarnos pegados. Me quitó el aire, me asusté y no lo envolví con mis brazos.
Me soltó sorprendido, no se lo esperaba.

- Abrime la puerta, me quiero ir.

Y los gritos comenzaron de nuevo. Creo que jamás me trataron de tan fría y maléfica. Creo que jamás mentí tan bien.
El miedo logra cosas increíbles.

Desde ese día no nos vimos más. Recuerdo que volví a mi casa descalza, con el rostro sin emoción que mostrar. Estaba perdida pero sabiendo a donde ir.
Me senté en el cordón, pensativa... y lo vi acercarse pidiendo perdón.
Lo perdoné, le di un último beso, un último abrazo y le dije adiós.
Sé que en ese momento nuestras almas se soltaron la mano. Confío en que fue lo mejor, habré perdido un pedacito de mi y él un pedacito suyo. Imagino que nos intercambiamos esos trozos magistrales.
De todas formas con el tiempo lo dejé ir.

martes, 21 de octubre de 2014

¿?

La música vuelve a irrumpir en mis días, dicen que calma a las bestias y sin embargo por momentos siento que hace todo lo contrario. Irrumpe con sus armonías y con palabras que alguien entona sobre ellas, alineadas de tal forma que quedan perfectas. Y esa maldita palabra me lleva a mirar hacia atrás, yo deseo mirarme los pies avanzando pero me nace mirar por el retrovisor nada más.

Me pregunto por qué te invoco si después me arrepiento. O será que quiero arrepentirme. No sé, vuelvo a desconocerme pero quienes me conocen saben a qué se debe todo este circo de palabras.
Te llamé con el pensamiento, no aposté a encontrarte y así sin más me encontraste a mi. ¿Raro?

Nos llamamos y no pudimos evitarlo, esas cosas que nos planteamos más de una vez que trataban de la fuerza del Universo sobre los corazones, las parejas, los encuentros y las uniones nos invadió sin que nos diéramos cuenta. Lo leí en tu mirada, lo leíste en la mía. Dos segundos más y todo se iba por la borda.

¿Habremos crecido?¿Habremos entendido?¿Estaremos esperando o nos dimos por vencidos?
Vaya, qué misterios. Cuántas dudas y cuántas respuestas. Cuánto tiempo y cuántas cosas.
Todo pesa, todo pasa... dijimos hace rato.

Nos leímos, nos entendimos y fuimos prudentes.
Nos quitamos las ganas con la mirada, con oírnos la voz. Con un beso de amigos (que nunca fuimos).
Nos disfrazamos de adultos que cumplen su palabra de honor.
Tú por ahí, yo por allá. Separaditos y completos. No nos necesitamos. En absoluto.

A veces grito con el pensamiento que todo eso es mentira. si por cada día que fuimos uno me terminé quedando con un pedacito menos de mi. En otras ocasiones rayo los cuadernos inventando historias que se parecen a nuestras anécdotas. Mil veces al mes respiro para concentrarme en lo bien que me va pero comprendo cuánta es tu influencia.
Me escucho, no me entiendo. Me leo pero no analizo. Me miro y ¿soy yo?

Si no te llevaste un trozo de mi alma, por qué demonios siento que sí.

Llevo dudas constantes que se hacen reales cuando te me cruzas en frente y pasa todo esto.
Me siento culpable por romper un corazón sin darme cuenta de que consecuentemente me sucedería lo mismo. Sin embargo no es mi dolor el que me pesa, es el tuyo. 
Y esta es mi condena. Entender qué es enamorarse y cargar con no poder hacerlo. 
No con quien creo que quiero hacerlo.

Lo siento si esto carece de sentido, para mi lo tiene y mucho. Todo esto de creerme escritora comenzó el día en que alguien declaró que leerme le causaba paz, que lo conquistaba y me envidiaba por no poder lograr eso en mi con sus intentos. Lo que nunca supo es que sí lo lograba, todos los días.

sábado, 18 de octubre de 2014

Como el músico






Escuchando canciones de alguien que parece recién arrancar y que desea trascender me acordé de vos. No pude evitarlo y no es un accidente.
Como el músico, mis pensamientos anhelan. ¿No será que muy en el fondo son lo mismo?, querer.

Suenan las negras, blancas, corcheas y aparece ese sombrerito que es silencio. Yo estoy en silencio pero trayéndote a mi memoria e intento ocultarla pero una sonrisa muda se asoma. ¿Cómo es esto? Si lo que has logrado es una cicatriz que parece no sanar, que la lluvia sumada a las canciones de amor hacen sangrar. No siento dolor, ¿estoy enloqueciendo?

La música cumple su fin, me deja un mensaje, me lleva a viajar. Cierro los ojos, inhalo para volver a mi. Revuelvo el café que ya está frío, al igual que el día. Tomo un sorbo y consecuentemente recuerdo que lo odias, que yo también lo odio.
Me resigno a volar con los auriculares puestos, la lista de reproducción que jamás oirás y sonrío. 
Voy a buscarte así como el artista salió a buscar su sueño.


lunes, 13 de octubre de 2014

Las raíces de Clara*

Clara tenía 5 años cuando sus padres decidieron divorciarse. El hecho de tener una hija juntos no les bastó para sostener la relación. Demasiadas discusiones se efectuaban en frente de ella y entendieron que no era sano. Después de varias charlas y cafés sin la pequeña rondando, optaron por separarse.

La madre de Clara fue quien se mudó. Una casa tan grande no le era cómoda, no quería sentirse perdida entre tanto espacio. Y era cierto, esa casa era demasiado grande para una madre y una niña. Se iba a sentir desprotegida entre tantas paredes.
Además, Estefanía  no era una persona que se sintiera a gusto con tantos lujos. Ella era más sencilla que su ex esposo. Como pareja eran opuestos y se notaba desde lejos.
Estefanía tenía 30 años en aquel entonces, un título al que le daba uso con mucho placer. Empleo en eventos de todo tipo y muchas ganas de recorrer el mundo. Un deseo que venía posponiendo como consecuencia de su embarazo.

Es una artista que sabe captar los momentos con tan solo un click . Un flash, el plano indicado y genera un segundo eterno. Una imagen que puedes mirar cuando sientas que la memoria te traiciona.
Ella conoce aquellos placeres simples, como una sonrisa, un instante, un olor, una mirada; esas cosas que no se pueden comprar ya que son únicas.

Se divorció de alguien a quien creyó amar por mucho tiempo, salió con Marcos desde sus 18 años. Fue amor a primera vista, un flechazo como de película. Pero el tiempo actuó como el viento, con esmero, perseverancia... desgastó aquello que parecía ser tan fuerte como una roca.

Marcos se veía triste ese día, él sabía que Estefanía era el amor de su vida, que se marchaba de su vida misma para dejar de ser su amor y esa libertad lo volvía loco. Loco de amor.
Aquella mujer era todo lo contrario a él, tenía una sonrisa  que no temía mostrar, tenía ganas de recorrer el mundo sin aferrarse a nada, solo a su sueño de captar la esencia de muchos lugares. Ella era directa, simple, amante de la naturaleza y de los gestos humanos. Vivía a pleno, adoraba pasear en bicicleta para que sus cabellos bailaran en el aire.
Él, en cambio, vivía con su traje, su maletín repleto de papeles. Su sonrisa que mostraba por compromiso en muchas reuniones, su léxico que aparentaba ser un libro viejo lleno de estructuras. Como la gramática misma.
Era abogado porque su familia se lo impuso, no lo hacía feliz pero se iba de vacaciones a lugares maravillosos en donde se alejaba de todo, a donde siempre iba acompañado de las dos mujeres que más amaba. Pero ya no habría próxima vez.
Ahora se iría de nuevo para seguir intentando ser feliz dos semanas al año.

viernes, 10 de octubre de 2014

Felicidad, constante o qué

En varias ocasiones la felicidad me ha sido efímera mientras que para otros era eterna.
¿Al final, cómo es?¿Es breve, extensa, un instante o duradera?
Supongo que puede ser las dos cosas.

He sabido hacer que un mínimo minuto del día me arrebatara sonrisas durante semanas, la magia de la buena memoria y del buen vivir.
Tal como si pudiese congelar ese instante para siempre en el recuerdo y así mantenerlo vivo por mucho tiempo, cuando yo quisiera.
Las fotos ayudan, las anécdotas también. Hay palabras claves, miradas cómplices y latidos que se intensifican.

En otros hechos la felicidad me ha sido tan simple como un parpadeo, no pude recuperar lo vivido en ese instante único. Pues, único fue.
No es que los otros se repitan, pero no pude revivirlos. Se me escaparon de las manos como el agua. Podemos volver a rejuntar pero no será el agua de antes, puesto que la atrapada anteriormente ha corrido.

De todos modos, a pesar de su singularidad, hay otras cosas que son parte de la felicidad y se repiten a diario. Mi favorita: el vivir.

martes, 7 de octubre de 2014

De tu boca a la mía

De tu boca a la mía hay un abismo unido por un puente.
De tu boca quiero que surja el impulso de cruzar aquel camino.
Mi pensamiento grita el ruego ¡Anda, vamos!
Y todo queda allí, en pesar. Suponer. Idealizar.
Hasta que me descifres.
Yo leo esa mirada, siento tu respiración.
Veo la ansiedad que se disfraza en temores.
De tu boca a la mía hay un abismo unido por un puente.
El deseo.
Deseo latente en cada pestañeo,
que ojalá se desenvolvieran en mi cara.

De tu boca a la mía había un abismo unido por el deseo.
Fue el impulso quien insistió y ganó la batalla a los miedos.
Es el valiente que hoy nos tiene aquí,
Tú sonriendo y yo sonriente.

jueves, 2 de octubre de 2014

Elegir qué ver

Entre ayer y hoy logré deducir algo importante. Muy importante.
TODO DEPENDE DE CÓMO LO VEAMOS.
Si hay algo que caracterice a mi viejo yo del de hoy es que, justamente, vemos distinto.
Antes la vida era la culpable, había muchas cosas negativas alrededor. Si bien había una solución, era dificultoso alcanzarla. Como si jugara al tesoro escondido.
Años atrás había fechas colmadas de tristeza y lugares clausurados. O me clausuraba a mi misma, no me hacía entender.
Llegué a ser indescifrable, nada era lo que parecía. Sonreía todos los días para todos pero tres días al año era al revés. ¿Dónde me perdía?
Más llegando estos a estos años, en mi adolescencia, capté la idea de amar más allá del tiempo. Un aire espiritual colmado de música y fotos (muchas fotos) que están en mi nido. Ese álbum verde, con árboles en su tapa, es lo más valioso que tengo materialmente hablando.
La curiosidad me gobernó y el dejar ser me quitó la soga que llevaba atada. Aprendí a respirar, a estar tranquila a pesar de la melancolía que tocaba la puerta esos tres días al año. Insistente.
En el presente cambié muchas cosas. Apliqué lo aprehendido:
Se puede querer a pesar de la distancia temporal y espacial.
Se puede sobrevivir a los dolores del corazón y extrañar cosas inventadas (no sé cómo se siente decir "papá" pero extraño eso a pesar de que me sea extraño justamente).
Se pueden sobrellevar muchos días, hay fechas que se destacan en el calendario y más allá de lo grises que pueden ser, creo que es más importante darles valor antes que peso. Soltar y tener un buen recuerdo, una memoria, es mejor.
Crecer no implica no depender de otros adultos. Hoy como adulta recién integrada a esa parte de la sociedad, capto que mi mamá siempre va a serlo y que los adultos más grandes tienen mucho que enseñar. Y que aprender.
.
A lo que iba: puedo elegir entre estar de duelo toda mi vida por tres días al año (problema) o puedo rememorar lo que esos días significan, es decir, tener presente que son fechas únicas en las que recuerdo que una bella persona que casi conocí, estuvo por acá. Y me dejó muchas cosas como prueba.
Y así con todo.
El que quiera llámame optimista idiota y el que no, que me llame optimista.
Para el que crea lo primero: prefiero esto antes que arrugarme cual pasa de uva por lagrimear; prefiero arrugarme por sonreír a la estrella más grande que haya el día del padre, el 23 de julio y el 16 de noviembre.

martes, 4 de febrero de 2014

Esperanza en vidriera

Todo se ve húmedo allá afuera, charcos sobre las calles y veredas, el sol que no se asoma y tú que actuas igual.
Yo aquí dentro, esquivando el frío miro por mi ventana que siempre vio tu silueta llegar antes que mis propios ojos. Pero ni aún esperando detrás de ella te hallo, ni siquiera a un par de calles.
Te has marchado caminando como tantas otras veces, excepto que en un futuro no volverás. Hay un nuevo aire, las cosas cambiaron aunque no las quiera aceptar.
El amor de mi vida no huyó, simplemente decidió irse de mi vida misma para ya no ser mi amor. Mucha distancia, desconocimiento, demasiada juventud que no se puede dar el lujo de errar una vez más. El dolor de tu partida y la esperanza de algo venidero mejor, no igual... solo mejor.
Pasadas las horas me doy por vencida, cierro la cortina y regreso a mi vida habitual; almuerzo, leo algún que otro capítulo de mi libro preferido e insisto que mañana será otro día. Quizá esperando detrás del vidrio colmado de gotas aparezca el nuevo amor de mi vida.

jueves, 23 de enero de 2014

Dime...

Hay quienes son la calma después de la tormenta, esas almas son aquellas que más valen y más se extrañan porque parecer ser paracaidistas, siempre volando sobre los obstáculos. Disfrutando el vuelo por más difícil que sea, sintiendo la adrenalina y expresandola con una leve sonrisa.
Y eres de esas personas, que vuela alto y no teme a las circunstancias. Siempre con una respuesta que a veces se disfraza en pregunta, como un acertijo. Vuelas tan bello que a veces te comparo con el arcoiris que aparece cuando la lluvia se tropieza con el sol. Mágico, vivo, feliz.
Dime que mañana seguirás salvandome, no importa lo que pase. Como hoy que después de los años te atreves a meterte en mi rutina para hacerme escapar de ella.
Prometeme que en algún rincón siempre vas a quererme, aunque te eche, te llore y te odie algunas veces.
Jura con tu mano en el corazón que hasta el fin de los tiempos seré esa pequeña niña que alguna vez prometió hacer tus sueños realidad en cada beso, cada paseo y cada estrella fugaz. Eternamente tuya e inocente solo para contigo.
Mirame a los ojos y no me mientas cuando ya no puedas salvarme más,  entenderé que primero te salvas a ti.mismo. Por mi parte, seguiré ahí... rogando que seas mi salvavidas otra vez más. Porque como he dicho antes, una gloria de la vida así no se halla todos los días,  este milagro de tenerte conmigo no se repetirá una vez más, entonces quiero que nuestro presente sea mejor de lo que quieras creer.
Dime esta noche, cuánto deseas como yo ser feliz, que te quedarás conmigo a pesar de las distancias y que tendré tu mano y tu sonrisa esperándome cada vez que vuelva.

viernes, 10 de enero de 2014

El misterio nunca supo serme fiel, será por eso que siempre me muestro tan transparente (aunque eso no quiere decir que diga todo lo que me pasa por la cabeza).
Siempre me fui fiel, pasan los años y sigo así... un poco más madura pero la esencia es la misma. En el fondo sigue viviendo la niña interior que soñaba con ser modelo, maestra, pintora, artista, diseñadora y hasta bombero o doctora. Supongo que algún día lo seré, seré la maestra de mis hijos, la artista preferida de ellos, su doctora y bombero para salvarlos y seré la más linda de todas para quien sepa estar conmigo hasta el fin de los amores. Por ahora, soy la mitad de eso con mis amigos y soy feliz.
No me pesan los reproches porque siempre termino haciendo mis decisiones, es mi vida, mi camino y mis pasos ¿alguien quiere caminar por mi? Lo dudo. Ya es demasiado difícil ser uno mismo, imaginarse ser alguien más debe ser un dolor de cabeza.
No me gusta ocultarme, aborrezco la mentira y detesto mentirme a mi misma... será por esa razón que muy a menudo me siento en crisis pero rápidamente me siento la heroína de mi misma capaz de sonreÍrle a la tormenta que se avecina. ¡Vamos mundo, aquí te espero! O mejor... AHÍ VOY.

jueves, 2 de enero de 2014

Nuestro Eden

Yo misma me he expulsado de aquel paraíso que hace años atrás teníamos. Tal vez haya sido miedo, dudas de mi misma o simplemente no era consciente del tesoro que tenía entre manos.
Hoy, con esta nueva oportunidad sucede que recuerdo todas esas riquezas que compartíamos y me sonrío cada vez que te pienso,  es automático como la respiración... y no lo voy a pensar dos veces. Nadue ha podido suplantarte ni igualarte. Eres único en todo el universo, un alma que brilla por si misma y que mi alma adora tener al lado.
Eso que teníamos el tiempo no ha sabido enterrarlo, mas bien lo ha dejado crecer como a la semilla que alguna vez todos enterramos inocentemente y después nos topamos con una bella flor. Esta flor, única en su especie... hoy se luce y destaca de entre tantas otras. Juro, no voy a dejarla morir. Llenare un jardín enorme con más como ella. Haré de este amor un Edén.