- Mamá, ¿a dónde vas? Dijo la niña con una mirada
inocente y preocupada.
- A hacer unas fotos, mi vida. Mami tiene que
trabajar y traer cosas lindas para que veas. Te van a encantar, hoy mis modelos
van a ser caballos.
- ¿Puedo ir?
- Perdoname, hoy no va a poder ser. Te prometo que
mañana sí. Dijo para calmar a la pequeña.
-Está bien. –Dijo resignada
Clara. Ella veía en los equinos algo particular, al principio la atemorizaban
pero con el tiempo comprendió que ellos podían entenderlo todo con un vistazo.
Ahí estaba la magia de muchas cosas.
Acto seguido, Estefanía tomó su bolso y salió por la puerta
del frente. Se dio vuelta, miró a su hija con esa mirada que solo un padre
puede dibujar en su rostro. Esa que está llena de dolor pero que se disfraza de
emoción con una sonrisa en la boca. Quiso decirle que la amaba pero eso
causaría su llanto y consecuentemente, el llanto de su hija.
No sabía decirle que sus padres no estarían más juntos. Que
no los vería desayunar en la gran mesa, uno al lado del otro. Una silla estaría
vacía. Una voz menos rebotaría por las paredes. Una sombra menos se dibujaría
por los pasillos.
Giró sobre sus pies, dirigió su vista a la vereda y dudo en
avanzar. Suspiró hondo, al inhalar se le cruzaron muchos recuerdos y al exhalar
se abalanzó al porche. Cuando se le escapó todo el aire sintió que tenía un
peso menos, o eso creía a pesar de que no era cierto.
Encaminó hacia el auto, dejó las cosas en el asiento trasero
y finalmente se sentó adelante. Puso las manos en el volante temiendo a lo que
vendría. ¿Podría su hija entenderla?, ¿podría ella perdonarse? Dudaba de cuánto
bien le hacía a su hija dejándola con su padre, ella era su mejor amiga y la
conocía a la perfección. Tal vez Marcos no podría cuidarla como ella pero tenía
que aprender y ella entender que al final y al cabo era su padre. Lo importante
es que nunca le faltase nada, mucho menos amor.
Puso en marcha el auto, miró por
el vidrio. Bajó la ventanilla y sonrió, simular le estaba saliendo bien. Subió
la ventanilla, miró hacia delante y se marchó.
En el espejo retrovisor vio a la niña que miraba atenta, tal vez sí se había dado cuenta de que en el aire las cosas estaban tensas. Los niños son más sensibles, que no supiese decirlo no implicaba que no entendiera.
En el espejo retrovisor vio a la niña que miraba atenta, tal vez sí se había dado cuenta de que en el aire las cosas estaban tensas. Los niños son más sensibles, que no supiese decirlo no implicaba que no entendiera.
Los días pasaron. Estefanía no volvía. Marcos la llamaba
para que Clara hablara con ella, realmente la estaba extrañando.
-
Llora
todas las noches, hago lo que puedo pero quiere verte. Si no querés verme me
voy, te dejo la llave y después, cuando lo desees, te vas. Me parte el alma
verla así, ella siempre está sonriente y ahora solo está en el patio cortando
pasto, mirando el piso. Parece pensativa pero no me cuenta nada. Volvé. –Era
un pedido de auxilio, Marcos no podía con su trabajo y el cuidado de su hija,
hacía las horas que menos podía pero no le era posible dejar de trabajar.
-
De acuerdo.
Se oyó del otro lado del teléfono.
Me tomo dos días y voy para allá, yo también estoy muy deprimida. Sé que esto es para un bien, me fío de ello. Sin embargo no es nada fácil. Yo voy pero no quiero que malpienses, voy por ella, porque me necesita. Nada más.
Me tomo dos días y voy para allá, yo también estoy muy deprimida. Sé que esto es para un bien, me fío de ello. Sin embargo no es nada fácil. Yo voy pero no quiero que malpienses, voy por ella, porque me necesita. Nada más.
Y ahí se sintió el silencio. Cómo después
de años compartidos todo se marchitaba. Él sintió que había un poco de
esperanza, no quería perderla así como si nada. La amaba, le había dado al ser
más hermoso y puro del mundo. Esa niña los mantenía unidos, Clara era la luz de
su amor.
-
Está bien.
Avisame y listo. Puedo quedarme en el hotel de un amigo, el dinero no es
problema… bah!, qué te digo. Ya sabés eso. Y se rió con un poco de ironía.
-
Te mando
un mensaje, de todos modos no te hagas problema por la llave. Todavía conservo una copia. Sé que debo
dártela, cuando me vaya te la dejo o se la dejo a tus padres. No me parece
correcto conservarla.
-
Sí, me
parece bien. Respondió con tristeza. Igualmente,
no me molesta. Si sucede algo sé que puedo confiar en vos. No tengo dudas de
ello Tefi.
-
Marcos,
con cariño te pido que por favor no me llames así. Es difícil pero no estamos
más juntos. Y perdóname pero tengo que irme a trabajar, no me queda mucha luz
natural.
-
Perdón,
mala mía. Hablamos después. Se alejó el teléfono de la cara y se quedó
mirándolo, ella ya había cortado.
Instantáneamente recordó que cuando eran más jóvenes insistían en quién debía cortar la llamada, sus “para siempre” ahora no se oían más. Mucho menos el “siempre juntos”. Eso le dolía, no tanto como ver a su hija triste pero sí lo suficiente como para desear volver el tiempo atrás y buscar la falla para resolverla. Entendía que parte del problema era su trabajo, que irse de vacaciones a lugares exóticos solo lograba que la madre de su hija deseara cada vez más poder viajar para capturar esos bellos lugares con su cámara de manera profesional. No se arrepentía de ser padre, mucho menos de compartir eso con ella, sin embargo a veces se le cruzaba por la mente que por un descuido le arrebató un gran sueño a quien tanto amaba. Hizo todo lo posible, nunca les faltó nada ni les faltaría. De todos modos, no bastó. No podía adueñarse más del cariño de ella por más que quisiera, Estefanía era una persona lo suficientemente libre (y consciente de ello) como para optar qué hacer, cómo y cuándo.
Instantáneamente recordó que cuando eran más jóvenes insistían en quién debía cortar la llamada, sus “para siempre” ahora no se oían más. Mucho menos el “siempre juntos”. Eso le dolía, no tanto como ver a su hija triste pero sí lo suficiente como para desear volver el tiempo atrás y buscar la falla para resolverla. Entendía que parte del problema era su trabajo, que irse de vacaciones a lugares exóticos solo lograba que la madre de su hija deseara cada vez más poder viajar para capturar esos bellos lugares con su cámara de manera profesional. No se arrepentía de ser padre, mucho menos de compartir eso con ella, sin embargo a veces se le cruzaba por la mente que por un descuido le arrebató un gran sueño a quien tanto amaba. Hizo todo lo posible, nunca les faltó nada ni les faltaría. De todos modos, no bastó. No podía adueñarse más del cariño de ella por más que quisiera, Estefanía era una persona lo suficientemente libre (y consciente de ello) como para optar qué hacer, cómo y cuándo.
Chau.
Le dijo al teléfono con un tono apagado y miró a sus pies, Clara estaba ahí,
mirándolo como comprendiéndolo. Preguntándole al verlo fijo a los ojos si
estaba bien. A lo que él respondió con una sonrisa, puso su mano en la cabeza
de la niña y le alborotó el pelo. Ella sonrió, se oyó la risa típica de un
infante y él se sintió feliz. Verla bien le hacía un bien mayor. En ese momento
juró que la haría sonreír seguido, la pequeña era ahora quien alimentaba su
felicidad.